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El conurbano habla, ¿lo escuchaste?

  • Foto del escritor: Abril Altieri
    Abril Altieri
  • 22 nov 2025
  • 4 min de lectura

Actualizado: 15 dic 2025


En los últimos años, las periferias ganaron protagonismo en la cultura argentina. Libros, series y películas empezaron a mostrar otras formas de contar y vivir, desafiando la mirada que por décadas se impuso desde el centro. 




La representación es difícil de encontrar. Representación de cuerpos, de estilos de vida, de familias. Quienes distribuyen los consumos culturales -productoras, editoriales-, lo que buscan es el éxito de sus productos, por eso suelen tomar aquellos contenidos que tienen la “venta asegurada”, lo que torna difícil la tarea de encontrar diversidad. Pero una parte del público se cansó de consumir siempre las mismas historias, los mismos paisajes y las mismas problemáticas. Ahora, las distintas realidades están más presentes, y el conurbano no es la excepción. 


En los últimos años, el conurbano bonaerense pasó de ser el escenario de fondo a protagonista en la cultura argentina. Libros, series y películas comenzaron a mostrar no solo sus calles, sino que también la forma en que se habla, se vive y se narra desde adentro.  Durante décadas, los productos culturales estuvieron dominados por una mirada porteñocentrista, y en gran medida lo sigue estando, pero ahora el conurbano le robó la posta. Vale entonces preguntarse: ¿cómo es esta representación?, ¿estan los conurbanenses verdaderamente reflejados o siguen siendo un estereotipo que otros reproducen para confirmar lo que ya imaginaban sobre ellos?


La novela Cometierra no solo habla sobre el conurbano, sino que está situada en él. Su protagonista, una adolescente que se gana la vida con las visiones que obtiene al comer tierra, encarna la voz de quien conoce la precariedad, la violencia y la marginalización. Dolores Reyes, su autora, también nació y vivió en el conurbano, y eso se nota. En su escritura hay una mezcla de ternura y brutalidad, de lunfardo cotidiano y poesía oscura. Cometierra no busca sonar “correcta”; busca sonar real. En esa voz que no traduce su barrio sino que lo habita, la literatura respeta la oralidad conurbana y la convierte en lenguaje literario.



“Sus brazos y piernas nunca estaban quietos, como sus labios, que hablaban con

la magia de arrastrar hacia ellos todos los ojos. Su cuerpo tenía la carne justa,

como un artefacto pequeño, pero con la fuerza de las cosas nuevas.


—Flaco, ¿dónde es que quedó tu novia? —Como no respondía, agregué—: Además, yo de mi casa no me muevo”.


(Fragmento del libro Cometierra, de Dolores Reyes, Editorial Sigilo, 2019.)


Su manera de expresarse no busca la neutralidad, sino que mostrar la verdad. En ese registro, inverosímil para algunos, se genera un mundo reconocible para quienes lo habitan. En este caso, la literatura no traduce ni se la hace cómoda al lector, lo que sí hace es respetar la voz del conurbano y elevarla a categoría literaria.


Algo similar pasa con Apache, la serie de Netflix que narra la vida del jugador de fútbol Carlos Tévez, donde los pasillos, las canchitas y los diálogos reflejan una forma de hablar sin filtro, en una narrativa para la cual el tono importa tanto como las palabras. En esta serie, los personajes no actúan una marginalidad, la viven, y el lenguaje es tan protagonista como el resto. Lo que para algunos puede sonar “mal hablado”, no es más que una realidad que desconocen.


En Gatillero, película recientemente estrenada en la plataforma HBO Max, que transcurre en Avellaneda, el habla se vuelve aún más cruda. En el film se mezcla la jerga del trap, el lenguaje del delito y los códigos de la calle, en una narración donde la palabra también es acción. Los personajes hablan con frases cortas, directas, como si no hubiera tiempo para pensar demasiado, porque en la calle es así. Viven la presión no solo de su entorno, sino de sus acciones. Acá se siente el día a día del barrio: la rapidez, la desconfianza, el actúo y luego pienso. Esa tensión constante también se traduce visualmente a través del recurso del plano secuencia, la forma en la que está filmada la película. Con esto, el director logra intensificar la sensación de movimiento y encierro, sin cortes posibles para escapar del ritmo del conurbano.

La crudeza del conurbano también puede llegar desde la poesía. Pablo Cristin, un artista independiente de Ituzaingó, publica en su cuenta de Instagram, @/peblix, “poesías del conurbano”, en la que apela no solo a la crudeza que se puede encontrar en lo barrial, sino también a la ternura y el compañerismo. 

“A veces me desbordo como tanque del conurbano y no hay vecino que venga a gritarme por la medianera que apague el bombeador”.


Pablo Cristin (@/peblix), “Poesías del Conurbano”.

Pablo no habla solo de las problemáticas a las que se enfrenta quien vive en la periferia de la capital, como la falta de presión de agua, también destaca el compañerismo que caracteriza a los vecinos que comparten necesidades. Hay barrios del conurbano en donde han vivido generaciones enteras de las mismas familias, donde todos conocen al hijo del Cacho desde que era un pibe. ¿Cómo no le vas a avisar que se le desborda el tanque?


Otra problemática en la que esta poseía logra encontrar inspiración es la falta de cloacas, tan comentada por estos tiempos. Pablo no romantiza el barrio o sus problemáticas, pero percibe que estas han hecho tanta carne en la vida de quien las sufre, que a veces lo único que podes hacer es adoptarlas. 

“Acá no tenemos cloacas por lo que no nos quedó otra que acostumbrarnos a hacernos cargo de nuestra propia mierda”.

Pablo Cristin (@/peblix)

En todas estas producciones se puede notar el mismo fenómeno: el lenguaje como marca de identidad. Lo que antes se corregía o ridiculizaba, hoy se celebra, porque escuchar cómo habla el conurbano es entender que la cultura argentina ya no se escribe solo desde el centro. Ahora también se narra desde las periferias, con sus propias palabras, su propio ritmo y su propia verdad.


Hablar del conurbano también es hablar de nosotros, de cómo crecemos, con qué crecemos, de lo que resistimos. De cómo, cuando creíamos que no había nadie para escucharnos, nos dimos cuenta que teníamos tanto para decir que terminamos haciéndonos oír. 


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¿Quiénes somos?

En tiempos donde muchos te quieren decir lo que significa ser del conurbano, te contamos la realidad; muchas veces cruda y otras esperanzadoras: nosotros nos representamos y nosotros lo contamos.

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