Donde hay una necesidad hay personas al rescate
- Julieta Salgueiro

- 23 nov 2025
- 4 min de lectura
Actualizado: 15 dic 2025
En un escenario de crisis de la representación política, las historias de Tomás, Gabriela y Guillermo demuestran cómo una comunidad comprometida pisa fuerte cuando un pedido de ayuda despierta el sentido de pertenencia.

En una coyuntura plagada de banderas que enarbolan un individualismo feroz y el “sálvese quien pueda”, incluida la propia cúpula gubernamental nacional, la intervención de las comunidades allí donde la representación política tradicional no llega resulta una novedad dentro del abanico noticias que cubren las tapas de los medios de comunicación.

La historia de Tomás, un adolescente de 16 años que lucha contra una Leucemia Linfoblástica Aguda y que necesita 1.200.000 dólares para encaminar un nuevo tratamiento, conmovió a sus allegados y motivó una exitosa campaña por redes, en una nueva muestra de la representación que asumen los ciudadanos “a pie” ante situaciones de emergencia, especialmente, en un contexto de individualismo exacerbado.
A Tomy lo diagnosticaron en 2020 y, desde entonces, ha estado en constante revisión médica, pero en abril de este año tuvo una recaída. Su cuadro ya no puede ser combatido con quimioterapia y, en cambio, debe viajar a Roma para acceder a un tratamiento llamado Car-T, que consta en modificar los linfocitos T en su sangre. Ante tal urgencia, su hermano creó una cuenta de Instagram en la que publicó un reel del propio adolescente explicando su enfermedad y necesidad, que al día de hoy supera los 13 millones de vistas.
Familiares, amigos y toda la comunidad del Colegio del Parque, escuela de Ramos Mejía a la que Tomy asiste, fijaron un objetivo en común: llegar al monto requerido para que pueda seguir viviendo. Decenas de personas compartiendo y difundiendo lograron que su historia llegase a figuras de renombre en el mundo de las redes sociales, como Belu Lucius (3 millones de seguidores), Bizarrap (19 millones), o Enzo Fernández (12 millones), quienes amplificaron el mensaje.

Además, sus compañeros de clase empapelaron la localidad con volantes y se acercaron a las oficinas del canal de streaming Olga, donde se les dio espacio para comunicar el pedido. Al poco tiempo, el hermano, profesores y padres del colegio fueron al programa de Guido Kaczka, todo en pos de juntar el dinero necesario. Tras toda la movida, se logró llegar en tiempo récord al mínimo de la suma requerida para comenzar el tratamiento. Ante esto, los padres de sus compañeros que trabajan en Aerolíneas Argentinas consiguieron que se les garantice el viaje sin costos a Roma.
“Los primeros que salieron al cruce e hicieron propia la campaña fueron los chicos, los de su curso, quinto año, y también los de sexto año”, relató Marcela Barbosa, dueña del colegio. “Algunas acciones que llevaron a cabo fue donar parte de su dinero de la fiesta de egresados. Se movilizaron hasta los más chiquititos, que vendían pulseritas para después donar el dinero a Tomy. Hubo nenes que trajeron sus ahorros. Así que realmente tenemos un montón de chicos, de estudiantes totalmente solidarios”, concluyó Barbosa, quien de forma permanente comparte información pertinente en las redes sociales de la institución.
Otros casos conmocionantes
Otro caso de fortalecimiento de lo comunitario ante un panorama de desvinculación social es el de Gabriela Farías, que todos los lunes va a la estación de Ramos Mejía para dar alimento a gente en situación de calle. “No hace falta ser millonario para acercarse a estas personas y preguntarles cómo están, en qué se les puede ayudar, qué quieren estudiar”, comentó la encargada de la olla, quien hace énfasis en que no solo se trata de alimentar, sino brindar contención.
“Está bueno involucrarse en lo humano. Más en este contexto donde la salud mental de todos está bastante mal, y con esto podemos ayudarnos un montón. Podemos hacer algo por alguien”, alegó Gabriela en cuanto a la importancia de la tarea social en la actualidad. Desde ofrecer cortes de pelo hasta incluir una biblioteca comunitaria para la gente que no tiene posibilidad de comprar un libro ni puede usar las bibliotecas barriales a falta de dirección fija, la iniciativa no se limita a una simple obra de caridad sino que pretende un verdadero cambio social.

“Lo de Guille” es una parrilla ubicada en San Justo que en julio sufrió un incendio y se perdió todo de ella , por lo que también necesitó de la voluntad de los vecinos para comenzar su reconstrucción. En palabras del mismo dueño, Guillermo Grillo, quien dialogó con El 1 Digital, “el fuego destruyó todo, pero es increíble cómo la gente se solidarizó y ayudaron económicamente”. Mediante donaciones, rifas y difusión en redes, el restaurante ya está en camino a su reapertura.
En estos casos hay un denominador común: la acción social de la comunidad. De hecho, en su caso, Farías destacó que “todo se solventa gracias a conocidos, amigos, y gente”. Es que sin la colaboración de las personas que se vieron interpeladas por sus historias, ninguno hubiera avanzado. “Hace 10 días no teníamos nada y hoy Tomy está en Roma con su papá y su mamá”, compartió Franco, su hermano mayor, conmocionado con la ayuda que ha recibido su familia.
Estos fenómenos se inscriben en un panorama caracterizado por el filósofo Gabriel Amengual como plagado de “erosión cultural de los medios sociales creadores de comunidad”, poniendo en evidencia “una (no vivida) solidaridad”.
El politólogo y docente Osvaldo Pepe propuso hablar de solidaridad, cuya “definición de diccionario llama al error: ‘Atención o apoyo a una causa ajena’. Como si hubiera alguna causa ajena a la condición humana”, como si hubiera alguna posibilidad de poder vivir desconectado emocionalmente de la sociedad, por más volumen que tomen esas ideas. La convocatoria comunitaria ante emergencias tales como las descriptas resultan un oasis en medio del desierto individualista, que refuerza la idea de que la salida ante situaciones difíciles es colectiva y la representación puede nacer desde la unión.




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