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Clubes de barrio, un reflejo del conurbano

  • Foto del escritor: Franco Banegas
    Franco Banegas
  • 26 nov 2025
  • 5 min de lectura

Son instituciones con un rol importante: contener y acompañar a la sociedad.


En cada barrio siempre está presente una institución tan importante como son los clubes, quienes se encargan de ser una organización contenedora dentro de la sociedad.


Durante la década del 30 del siglo pasado, en toda la Argentina surgieron los clubes de barrio, como resultado del interés por el deporte que llegó de la mano de los inmigrantes, quienes llegaron al país en busca de refugiarse de las guerras que azotaban Europa. Así, aparte de ser un factor clave en el desarrollo de la industria nacional, también tuvieron un papel fundamental en el desarrollo de estas entidades barriales, con el objetivo de fortalecer el vínculo barrial entre los vecinos, además de la formación deportiva, además de la formación deportiva a través de la inscripción en diferentes campeonatos.


“Para la sociedad, los clubes de barrio son como una segunda casa, donde uno viene una, dos o tres veces a la semana a hablar y a despejarse un poco”, así describió la función social del club de barrio Diego Veliz, presidente de El Fortín, un club de barrio que se fundó en 1951 y que se encuentra ubicado en el partido de Moreno.


Ante la ausencia del estado en múltiples ocasiones, fueron y siguen siendo los clubes de barrio quienes toman el rol de institución benefactora que se encargan no solamente de ayudar en un corto plazo al necesitado, sino que también buscan sacarlo de esa situación de vulnerabilidad de forma permanente, y se hacen responsables durante todo el proceso de acompañamiento.

Debido a la falta de información documental de lo sucedido con los clubes de barrio durante la última dictadura cívico-militar, la mejor forma de no dejar todo lo ocurrido en el olvido es hablar directamente con dirigentes que hayan estado en una época tan oscura de la historia argentina.


Para ejemplificar lo que tuvieron que vivir los clubes durante la última dictadura, David Veliz, presidente de El Fortín, narró que fue cerrado y tomado por la Junta Militar comandada por Jorge Videla, Emilio Massera y Orlando Agosti y posteriormente convertido en un depósito municipal de autos desde 1978 hasta 1982, destruyendo todo el proceso de la institución desde sus más de 20 años de existencia hasta el momento. Un caso similar al que sufrió El Fortín fue lo que le sucedió a San Lorenzo de Almagro, siendo uno de los clubes más grandes de Argentina aun así fue víctima de las medidas sociales de la dictadura, demoliendo forzosamente su estadio para la construcción de un supermercado, lo cual marcó una tendencia de ocupar la mayor cantidad de clubes posible.


Durante la crisis económica de la década del 90, las asociaciones de la sociedad civil sumaron nuevas funciones, convirtiéndose en una “tercera pata” después del hogar y la escuela, organizando actividades por fuera del club para mantener a sus socios y en busca de nuevos, con el objetivo de generar más ingresos para contrarrestar el déficit. De esa forma, implementaron una serie de descuentos para familiares de los asociados, jubilados y personas que presentaran un certificado de discapacidad. Y para los más afectados por la crisis económica, se crearon comedores comunitarios, refugios y centros de contención para personas en situación de calle, incluso, convirtiéndose en espacios de bienes y/o servicios.

El Fortín es un claro ejemplo de cómo funcionaron los clubes durante la crisis económica. Además de cobrar una cuota acorde al bolsillo para mantener en funcionamiento el club, se creó un comedor dentro del club para que aquellos chicos que pertenecieran o no a la institución pudieran tener sus tres comidas diarias. Ese espacio dejaría de funcionar post-pandemia, debido a la imposibilidad económica de mantenerlo, problema que continúa hasta la actualidad.


La pandemia de Covid-19 les significó a los clubes un problema al que nunca habían tenido que enfrentarse en ningún momento de su historia. La cuarentena  dictada por el aquel entonces presidente Alberto Fernández, significó el cierre temporal e indefinido de sus sedes y la cancelación de todas las actividades sociales, lo cual tuvo como consecuencia considerables pérdidas económicas para los clubes. Como respuesta el Gobierno Nacional subsidió a estas instituciones por un monto de hasta 60.000 pesos con el objetivo de contrarrestar las dificultades financieras.


A los roles ya adquiridos por los clubes desde el inicio de su existencia, a partir de la pandemia se les sumó el de recibir donaciones y encargarse, desde sus propios recursos, el de llevar y entregárselas a aquellas personas en situación de necesidad. Pero más importante es que también abrieron sus puertas para actuar como centro de vacunación barrial, enfocándose especialmente en los adultos mayores.

La crisis sanitaria llevó a los clubes a verse en la obligación de parar sus actividades. En el caso de El Fortín, a diferencia de otras organizaciones que se reestructuraron para formar actividades sociales y de ayuda, significó la pérdida total de sus propuestas extradeportivas, lo que a su vez los imposibilitó de llevar a cabo sus funciones sociales.

En la actualidad, el costo de mantener un club de barrio es inmenso, donde se le van más de un millón de pesos mensuales únicamente en facturas de gas y de luz. A pesar de las complicaciones económicas, estas instituciones buscan cambiar la imagen de marginalidad, delincuencia e inseguridad barrial, tanto en el interior de sus instalaciones como en el exterior, con actividades para socios y no socios, campañas de concientización y políticas de contención, con el objetivo de evitar que cada chico del barrio caiga en el camino de las drogas, la delincuencia y la violencia. Según un censo realizado por el sitio web “Ascenso del Interior” en el año 2021, se encuentran dentro de la provincia de Buenos Aires 833 clubes que luchan día a día por cumplir con este objetivo común.


Veliz desde su perspectiva como presidente de un club de barrio, los define como la representación más fiel del pueblo bonaerense dentro de un territorio que puede definirse como un país aparte, donde conviven todo tipo de realidades: desde el chico al que se le da una beca total por no poder pagar la cuota, pasando por el que exclusivamente va al comedor o solo por el deporte. Pero, al fin y al cabo, todos conviven dentro de un mismo círculo social.


Reforzando su propia idea del club como representación fiel del barrio, Veliz afirma que, al ser los propios vecinos los que frecuentan el club, ellos mismos trasladan a su interior la realidad social, donde si lo que prima es la violencia, esa violencia se expresa en cualquier tipo de institución; en cambio, si prevalece la tranquilidad, por consecuencia el club será un lugar calmo y agradable donde realizar actividades económicas y sociales, siguiendo una serie de normas de convivencia que premien la armonía dentro de la institución.


En cuanto a los roles sociales actuales, el presidente del club morenense señala que funcionan como centro de contención, tanto para chicos como para adultos, permitiéndoles desahogarse en un entorno menos hostil. Además, a través del deporte, evitan que los jóvenes estén más tiempo en la calle, exponiéndose a peligros como la droga y la delincuencia.

Los clubes de barrio fueron, son y serán una parte esencial de una sociedad que vive en constantes cambios que pueden terminar relegando a aquellos más necesitados. Para eso están los clubes, para evitar el aislamiento y fomentar la vida en sociedad.



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