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Ni víctimas ni superhéroes

  • Foto del escritor: Franco Jara
    Franco Jara
  • 21 nov 2025
  • 5 min de lectura

Actualizado: 2 dic 2025

Al hablar de discapacidad, la TV persiste en la lástima y la superación. En las redes, una nueva generación impone su voz de dignidad sin filtros.


La crisis política vinculada a la discapacidad invita a repensar la narrativa con la que los medios de comunicación representan a este colectivo. El tema suele tratarse desde los extremos, con el paradigma de la víctima o como la superación de un obstáculo, aunque ni siquiera suelen incluirse testimonios de las propias personas con discapacidad. A falta de una representación tradicional, tanto organizaciones como creadores de contenido están impulsando una nueva narrativa para normalizar la discapacidad y que su voz sea escuchada.


En diciembre de 2014, el Observatorio de la Discriminación en Radio y Televisión de Argentina reconoció a Canal 9 por su “frecuencia de tematización en cuanto a discapacidad”. Lejos de celebrar ese logro, el organismo advirtió que en algunos casos los canales de tv reproducen modelos paternalistas o discriminatorios o ligan la discapacidad al chisme y la ficción. Diez años después, este enfoque no evolucionó, sino que esos modelos persisten ante nuevos conflictos de coyuntura política.


Actualmente en Argentina, la cobertura mediática refleja el enfrentamiento entre política y discapacidad que acentúa una crisis marcada por movilizaciones al congreso, conflictos económicos y de gestión. A pesar de la Ley de Emergencia en Discapacidad, los prestadores de servicios esenciales (como terapias, transporte, apoyo educativo y laboral, entre otros) reclamaron por la insuficiencia de la actualización de aranceles, que solo fue de entre el 29% y el 35%, muy por debajo del 70% que exigían las organizaciones. Al desfinanciamiento se suman el escándalo de la ANDIS por presuntas coimas vinculadas a la compra de medicamentos y la suspensión de más de 100000 pensiones por invalidez laboral, una medida frenada posteriormente por la Justicia y por resoluciones que ordenaron su restablecimiento. La población con discapacidad permanece en un estado de profunda vulnerabilidad económica y sanitaria.



Aunque el periodismo solo reacciona ante el conflicto político, el foco de las noticias sí ha cambiado: los protagonistas tomaron la palabra. Al respecto, la licenciada en Comunicación Social Evangelina Bucari asegura: “Los pocos medios que antes cubrían esta temática abordaban historias de superación personal mostrándolos o como héroes o como ‘pobrecitos’. En estos últimos meses, con la Ley de Emergencia en Discapacidad, una novedad es que los medios de comunicación les dieron mucho lugar a las propias voces de las personas con discapacidad. Ellos son los que hablan por ellos”.


Lo cierto es que, aunque incluyen sus testimonios, la mayoría de los medios no suelen hablar de las personas con discapacidad como sujetos de derecho. La creadora de contenidos con discapacidad visual Lola Belmonte, oriunda de Temperley, no se siente representada por esos mensajes: “No nos ponen en igualdad de condiciones. La victimización y la superación generan admiración en la gente, pero a la vez nos deshumaniza, porque nunca se nos muestra liderando, resolviendo, protagonizando, encabezando un proyecto o un equipo. Siempre quedamos en ese lugar de receptores, cuando en realidad vivimos en un punto medio”, argumenta.


En definitiva, los medios de comunicación adoptan una visión “capacitista”. Bucari atribuye este fenómeno al desconocimiento de las leyes, las barreras y los padecimientos que tienen las personas con discapacidad en nuestro país: “Esto hace que, al escribir artículos o realizar notas, los periodistas no hagan las preguntas correctas y utilicen palabras o vocabulario que ya están perimidos, como ‘discapacitados’”, ejemplifica. Al mismo tiempo, sostiene que esa mirada “infantilizadora” no solo es un problema del periodismo, sino que persiste en la sociedad.

El capacitismo se observa no solo en medios nacionales, es un problema que afecta a todo el mundo. Para combatirlo, organizaciones como la Red de Comunicadores con Discapacidad Visual trabajan para instalar una nueva narrativa de la dignidad que rompa con el histórico “paradigma de la víctima” y exija una representación más real de la vida de las personas con discapacidad. A través de documentos que publican en su sitio web, trabajan sobre las prácticas que deben seguir los medios para una comunicación efectiva de la temática.


La búsqueda de una representación real es el eje del trabajo de muchas organizaciones. La presidenta de la Red de Comunicadores con Discapacidad Visual, Lucía Velázquez, explica que la clave es “comunicar desde los derechos, no desde la caridad ni el heroísmo”. Su propuesta se centra en instalar una “narrativa de dignidad, autonomía y participación”, donde sus miembros protagonicen sus relatos y se visibilicen las barreras sociales y comunicacionales que atraviesan. La intención es clara: “Pasar de contar historias de discapacidad a comunicar historias de vida y de ciudadanía”.


Esta narrativa de la dignidad presenta una contradicción con la visión mediática predominante. La periodista Verónica González Bonet, una de las pocas profesionales con discapacidad en la televisión argentina, confirma la persistencia del enfoque tradicional: “Aún se representa a las personas con discapacidad como una carga para sus familias, como eternas niñas, asexuadas, improductivas, con vidas muy tristes”. Es más, González Bonet admite que, a pesar de su trabajo como periodista, la posibilidad de cubrir lo que sucede en el noticiero en cuanto a discapacidad es “casi nula”. La cobertura solo cobra especial relevancia porque la crisis coincidió con hechos de corrupción, sin que esto implique “un cambio en el modo de abordar la temática o un interés genuino”.


Más allá de la posición tradicional de los medios y del activismo de las organizaciones, hay coincidencia en la importancia de las redes sociales como impulsoras del cambio de paradigma. Bucari señala que estas plataformas han democratizado la palabra, por lo que las minorías encontraron lugares para expresar su voz, mostrarse tal cual son y ser referentes de sus organizaciones y sus luchas. Esta nueva representación puja por trasladarse a los medios de comunicación, forzándolos a actualizar el vocabulario para hablar de discapacidad.


Belmonte, por su parte, discute el valor de su contenido y lo piensa como una simple muestra de la vida cotidiana: “Yo muestro lo que hago porque tengo ganas de hacerlo, no para dar una lección. Es como cuando un artista hace un show enorme, no está mostrando todo el backstage, sino que se sube al escenario y comparte lo que tiene listo para dar. Yo siento que no necesito mostrar cómo llegué a hacerlo, sino simplemente que lo hago”.


González Bonet coincide con el activismo en que la respuesta está fuera de los medios. “El alcance que se tiene desde las redes puede ayudar”, afirma la periodista, aunque advierte que el mensaje debe ir más allá de la individualidad. Para que el cambio sea sostenible, la clave está en un “mensaje colectivo” que considere la interseccionalidad de las experiencias: “No es lo mismo ser una mujer, indígena con discapacidad, que ser un varón con discapacidad que vive en la Ciudad de Buenos Aires”.


La narrativa de la “superación” y la “víctima” sigue siendo la norma en la televisión, pero esta visión está evolucionando. El activismo digital ha comenzado a lograr lo que las organizaciones intentaron por años: demostrar que la verdadera representación es la que se construye con autenticidad y sin filtro. Esta nueva generación está marcando la agenda mediática y forzando al periodismo tradicional a dejar de hablar del colectivo y empezar a escuchar sus voces.


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