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El mito de Rugby y Eros

  • Foto del escritor: Martina Ghidinelli
    Martina Ghidinelli
  • 25 nov 2025
  • 4 min de lectura

Actualizado: 15 dic 2025

Ese raro santuario de libertad emocional masculina donde no aplica la mirada patriarcal opresora. La visión del ex Puma Rosti.



Vittorio Rosti, ex Puma.
Vittorio Rosti, ex Puma.

Vir cano es referente contemporáneo, se doctoró en filosofía en la UBA en 2010 y se dedicó a escribir sobre sexualidad y género. En Po/éticas afectivas: Apuntes para una re-educación sentimental (2022) Vir Cano explicó: “Pienso que el fútbol es, para una parte importante de los varones cis-pakis, una extraña válvula de escape y regulación de su afectividad. Ahí vale tocarse entre pares, llorar, gritar, sentir que se te parte el corazón, que no lo podés creer”. Vir Cano, 2022.


El hombre ama y sufre con pasión, con fervor, con ira y con malicia. Se golpea el pecho y lo llama “grito de guerra”, se da palmadas con otros hombres y lo llama “saludo”, insulta a los jugadores y lo llama “aliento”. Se inventa un movimiento para poder meter su cabeza en la entrepierna de otro hombre para agarrar una pelota y lo llama “scrum”. Se besa durante la etapa exploratoria en la adolescencia con otro hombre y dice “¡No homo, bro!”.  No. Homo. Bro.


Muchos hombres están constantemente oprimidos por un sistema machista que no les permite expresar sus sentimientos por otros hombres, y recurren a los deportes y la pasión como nexo lógico. Este, en muchos casos, funciona como una herramienta que termina pintando sus cuerpos con tinta: ¿cuántos hombres tienen tatuados a otros hombres? Messi, Maradona, CR7, la lista sigue y crece día a día.


En el rugby, los varones no solo tienen permitido sentir apasionadamente, sino que también pueden demostrar su enojo, su violencia, su amor y sus infinitas emociones abalanzándose uno arriba de los otros. El rugby no es solo un deporte de alto impacto: es un ritual donde los hombres encuentran una forma permitida de tocarse, amarse y odiarse, sin jamás decirlo en voz alta. ¿Es, acaso, una vía de escape para lo homoerótico? ¿O somos una sociedad no acostumbrada al contacto cariñoso entre hombres y por eso los marcamos, y hasta tachamos, de homoerotismo?



El barro, como una crema chantilly que llama a ser quitado con la lengua en una escena erótica de una película de los 80, es artilugio para que los viriles hombres de pectorales turgentes y brazos fornidos posen frente a las cámaras, mientras se toman de los shorts y corren bajo la lluvia, con sus piernas fuertes y rápidas.


La masculinidad hegemónica hace malabares para esconder y sostener la ilusión de que ahí NO PASA NADA. El golpe en la cadera con la cabeza en la pelvis es un “tackle”; y el “maul”, que podría asemejarse a cuando muchos villanos secuestran a la joven e indefensa, en el rugby cuando unos pares del equipo B atacan a uno del equipo A que tiene la pelota.


El lenguaje no solo funciona para expresar, sino que también funciona para ocultar. Disfrutan la fuerza y el roce del otro, anhelan el calor del otro. Y cuando ganan, viene la orgía de camisa a rayas de besos y abrazos, atrapados en una montaña uno arriba del otro. No es amor, es lealtad. No es deseo, es hermandad. ¿Es formación reactiva freudiana actuando frente a miles, en el centro de un estadio? Los espectadores aplauden la negación de la expresión como si fuera un try magistral.


En términos del psicoanálisis, una sublimación canaliza los impulsos y los deseos socialmente inaceptables hacia conductas socialmente aceptables y constructivas.


La pregunta inicial vuelve, reformulada: ¿es un caso de mecanismo de defensa freudiano o es otra cosa de la cual no tenemos conocimiento y tildamos de homoerotismo a través de la sociología? Según Vittorio Rosti, un expuma y jugador de rugby desde los 9 años, no se trata de lo homoerótico.


Pero, antes de seguir, ¿de qué hablamos cuando hablamos de homoerotismo? Según Wikipedia, se caracteriza como una inclinación social marcada por la presencia de emociones eróticas. Ese toqueteo que esta autora tanto jugó con describir en la escena del rugby.


Vitto asegura: “Hay una mayor libertad de expresar el amor y el cariño hacia los compañeros que lo que me ha pasado en otros deportes. La intimidad que se tiene en el equipo genera una sensación de cercanía con el otro que por ahí en otros ámbitos no se tiene”.


Pero esta conexión, sostiene, es pura y exclusivamente camaradería de vestuario. Una extraña comunidad de sudor, con shorts transpirados, donde se genera una ¿intimidad homosocial? Un espacio con límites difusos por la hermandad y la vulnerabilidad donde pueden rozarse y demostrar afecto sin romper la frontera de la heterosexualidad, aún sin ser juzgados.


 “Se suele decir que los tipos están privados de cierta vida afectiva y de expresar y desarrollar una mayor sensibilidad”, Vir Cano.


Recordemos que esta intimidad homosocial es un espacio limitado al vestuario deportivo, donde mirarle el pito o la cola, inclusive sin querer, a otro hombre no es un acto homosexual.


“Mirarle sin querer el miembro a otro hombre en un mingitorio es un acto gay” , 25.


“Uno lo evita. Por pudor a ser juzgado de puto♂, 50.


Entonces, esto que autores como Vir Cano tachan de homoerotismo sociológico y, quizás, una sublimación, es simplemente una libertad íntima pura, donde los hombres pueden mostrar sus partes íntimas de una manera no sexual, libre de todo enjuiciamiento y exclusión social por la diversidad sexual de uno.


También, no olvidemos mencionar los famosos rituales de iniciación. Vitto relata que lo raparon tres años seguidos, pero contó y sorprendió con el relato de rituales pasados. Contó que en un viaje a Paraná, cinco jugadores estuvieron encerrados en “el bañito del colectivo” desde que salieron hasta que llegaron. “Tipo 7 horas encerrados ahí, adentro en el baño ese”.


En estos vestuarios, baños o micros, llenos de olor a AXE, se forma un microcosmos, un “pido para mí, pido para todos”. Un espacio donde los hombres se permiten ser vulnerables, vistos, escuchados, desnudarse figurativa y literalmente. Tocados, mirados, observados sin juicio previo alguno. Donde la amistad es lo más fuerte que hay, donde se sienten invencibles. Donde pueden ganarle a los All Blacks en Vélez con una hinchada que no para.


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